A estas alturas, es difícil creerse las versiones oficiales

El caso del señor Moix, el fiscal del paraíso fiscal, es paradigmático. Resulta que no lo han echado, ni siquiera le han sugerido que se marche… de creernos la versión oficial se ha ido él solito, rechazando heroicamente las presiones del fiscal general para que continuara en el puesto. El problema es que al cabo de tantos años de postverdades, medias verdades y mentiras descaradas, nadie se cree ya las versiones oficiales y mucho menos las que enseguida repiten todos como cotorras, tras recibir el oportuno argumentario.

Y miren que ésta vez, por cierto, les costó encarrilar, pues el ‘sí’ del presidente Rajoy a la periodista que le preguntó si seguía confiando en el fiscal jefe Anticorrupción les dejó a algunos unas horas descolocados, al menos hasta que la vicepresidenta no abrió una nueva vereda argumental diciendo que los problemas de los fiscales son de los fiscales y no del Gobierno, claro. Porque les recuerdo que parte del trabajo de un fiscal Anticorrupción consiste en perseguir a quienes guardan el botín de sus corrupciones en paraísos fiscales, y aunque Moix ha mostrado escaso entusiasmo en tal misión, que él mismo tenga bienes en un paraíso fiscal descoloca a cualquiera ¿no?

No hay quien los entienda; se les llena la boca de regeneración y transparencia, pero cuando pierden un peón, en nombre de la transparencia y la regeneración, les duele como si les hubieran arrancado un brazo. Y algo peor: en lugar de hacer de la necesidad virtud y presumir de haber propiciado una inmolación democrática, siguen negando la evidencia, incapaces de llamar las cosas por su nombre.

Fuente:  20minutos

 

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