La parábola de la gallina vieja

Que exquisitos son nuestros usuarios hay algunos muy activos que nos mandan sus tribulaciones pasadas a papel , hoy me llega una que me ha hecho pensar y a vosotros os pasará lo mismo.

POR LOS HUEVOS A LA GLORIA (VIDA Y MUERTE DE LA GALLINA CO-CO HUA)

                                           

 La gallina Co-Co Gua, nació en una gran granja para aves, no sin ciertas dificultades, pues su madre adoptiva, una gran bombilla de 120W tenía tendencia a apagarse. He aquí su relato.

 Eramos más de mil gallinas en el gallinero de la granja y teníamos nuestra comida asegurada a fuerza de poner huevos. Estábamos muy orgullosas, pues sabíamos que gracias a nuestros huevos, habíamos salvado más de una vez a la granja de la bancarrota. Nuestra vida en el gallinero no era muy cómoda, pues la verdad, el espacio no era muy grande para tanta gallina y la comida, siempre justita, para que no engordáramos. Más que nada por el espacio que ocupa una gallina gorda. Aunque siempre había peleas entre nosotras, por la comida y por el lugar más cómodo. No nos importaba mucho, pues en realidad, si salíamos de allí ¿que haríamos?, pues solo sabíamos poner huevos.

De vez en cuando, el granjero venia y cogía a algunas de nosotras, las menos ponedoras, las más peleonas y las viejas. Y claro, le teníamos un poco de miedo. Pero si no te peleabas, ponías muchos huevos y no te hacías vieja, (una se hizo vieja después de mucho tiempo de haber sido joven), tenias el techo y la comida asegurada. Se murmuraba en el gallinero, que las peleonas y las menos ponedoras, el granjero las reconvertía y las hacia buenas. Algunas las reconvertia en caldo de gallina, a otras en gallina en pepitoria, ó en cuartos de gallina.

Como se ve, era una reconversión muy completa. A nosotras las buenas gallinas, esas malvadas nunca más nos molestaban. Pero ¡ay! ¿Y las viejas? En el gallinero se cacareaba que a las viejas, después de una vida de haber puesto tantos huevos, el granjero las trataba muy bien, pero aun así, todas las buenas gallinas intentábamos no hacernos viejas. Yo me esforcé mucho, ¡pero pobre de mí!, aunque lo intente y lo intente, me hice vieja. ¡Que desilusión!, me sentía culpable, pues le había fallado al granjero.

Pero estaba tranquila, ya que había hecho un gran servicio a la granja. Pues puse muchos huevos y no me pelee con nadie. Ahora el granjero, con su corazón lleno de agradecimiento, haría conmigo lo que había hecho con las otras gallinas viejas. Me llevaría a un lugar tranquilo y me daría mucha comida. ¡Al fin podría engordar! Con esa idea tan reconfortante en mi cabeza, un día el granjero me cogió. Vi que no estaba equivocada, al contrario, pues me llevo hasta una gran mesa donde había un cuchillo muy grande. La cosa estaba clara ¡que bueno era el granjero!, me iba a operar para reconvertirme en una gallina joven otra vez. Estaba muy orgullosa, pues a fuerza de poner tantos huevos, volvería a ser joven. Todas mis plumas vibraron de alegría, iba a comenzar una vida nueva. No se sabe más de la gallina Co-Co Hua.

P.T.

Gracias a la autora le prometemos publicar todo lo que escriba.

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