El sindicalista infiltrado

El sindicalista infiltrado

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No hay mejor manera de profundizar en un tema que conocerlo de primera mano, como ha hecho Raúl García Agudo, responsable de CCOO Servicios en Valladolid, que al igual que ocurre en la serie «el jefe infiltrado» de TV –a otro nivel claro– la semana pasada se inscribió en el proceso de selección de la empresa de reparto de comida a domicilio Glovo para dar a conocer las condiciones laborales y hacerlas públicas en redes sociales, constatando los abusos y la precariedad existente en el “trabajo estrella de las plataformas digitales”… “Es esclavitud pura y dura; el trabajador lo pone todo y recibe a cambio un trabajo esclavo, además de tener que pagar por trabajar” concluye.

Relata su experiencia junto a otras cinco personas en una entrevista en la que, además de sus datos personales, le pidieron su disponibilidad horaria así como confirmar que tiene vehículo propio y un teléfono con datos. Estos son algunos de sus requisitos indispensables, además de una de las claves de la ilegalidad, la obligatoriedad de darse de alta como autónomo para trabajar en Glovo. Para ello ponen todo tipo de facilidades, ofreciendo incluso los servicios de una asesoría afín por 15 euros al mes, advirtiendoles de que han de costearse su propia ropa, gasolina o arreglos del vehículo, utilizando estos gastos para reducir el IVA a pagar.

Respecto a lo irregular de estas condiciones, García Agudo alude a la cantidad de sentencias que ya han dictaminado que estos empleados lo deben ser por cuenta ajena, contratados por la empresa, siendo un caso prototípico de falsos autónomos. En este sentido, su objetivo es entrar en contacto con estos trabajadores para reivindicar un cambio en su régimen de contratación, considerando “aberrante” el beneficio de cuatro socios a costa del trabajo de miles de trabajadores sin tratarlos como tal. «Según ellos es sólo una plataforma para poner en contacto clientes y establecimientos a costa de repartidores principalmente de comida preparada pero también de recogidas de supermercados y otros cometidos” indica.

En cuanto a los sueldos, los empleados cobran 2 euros por pedido fijo más 0,35 céntimos por kilómetro recorrido, además de otros 5 céntimos por cada minuto de espera en el establecimiento, sumando otros 2 euros por pedido en el caso de supermercados, un plus del 30% en caso de lluvia y 1 euro más los correspondientes kilómetros en caso de modificarse la dirección de envío. Otro de los detalles que chocó a Raúl fue que, para poder trabajar para la empresa, cada empleado ha de comprar la conocido mochila amarilla de reparto por 60 euros, ofreciendo la devolución de un porcentaje al concluir la relación laboral. Han de pagar también un seguro en una compañía concreta, para ello descuentan 2,42 euros del pago quincenal “aunque ellos dicen que es la tasa por usar la aplicación”.

Para el sindicalista uno de los problemas de fondo es el beneficio que obtiene la empresa a costa de disponer de un trabajador durante su horario de reparto a coste cero, ya que solo se retribuyen los viajes y no los tiempos de espera entre encargos. “La elección de horario va por tu puntuación dentro de Glovo que se consigue portándote bien, recibiendo buenas valoraciones y habiéndote comido un montón de entregas nocturnas y de fines de semanas, así aumentas tu marcador o puntuación, por lo que calificaríamos el algoritmo de la aplicación que asigna los pedidos como perverso”.

Culpa también al individualismo puro y duro de quienes demandan estos servicios sin pensar en el problema o el drama de las personas que trabajan para Glovo. Por eso, con esta denuncia pretende mandar un mensaje a la sociedad: “No podemos permitir este tipo de actividades”, lamenta, resaltando el “beneficio de muy pocos a costa del trabajo de muchos y gracias a un servicio a muy bajo coste para los clientes finales”. Como ejemplo pone la franja horaria del domingo por la noche, con una “demanda brutal” para satisfacer las cenas del personal que no quiere ni moverse del sofá ni pagar por ello. “Lo peor es que sales hasta con síndrome de Estocolmo pensando en lo buenos que son por la aplicación que han desarrollado, por lo localizado que te tienen por si te pasa algo, por la flexibilidad horaria que te dan disponiendo de ti todo tú tiempo y los céntimos adicionales que te pagan si un día llueve y te pillas una pulmonía por entregar una hamburguesa a tiempo y lo más importante, que esté seca para el cliente”, concluye Raul.

Fuente y articulo completo:  ultimocero.com  –  https://is.gd/wsGvRj