Desde los 80 se ha ido legitimando doctrinalmente un desbarajuste

Quienes nos formamos en la cultura jurídica de los años noventa nos imbuimos por los cuatro costados de lo que llamaban “Cultura de Transición” y recibimos acríticamente como alumnado una buena cantidad de axiomas identificados hoy con el “Régimen del 78”… No diré que todos fuesen deplorables, pero muchos se fundaban en un puro ejercicio de autoengaño, y uno de ellos era el de que nuestro régimen autonómico no solo era asimilable, sino que constituía una de las formas más avanzadas del federalismo mundial. No se construía críticamente pensamiento jurídico. Se estaba legitimando doctrinalmente un sistema político.

Quienes así pensaban siguen siendo a día de hoy mayoría en aulas y departamentos, siendo los mismos que para afrontar la cuestión catalana y la crisis del modelo autonómico gustan de hablar de “territorios” y “competencias”, como si no existiesen “pueblos” e “identidadespor encima o por detrás de aquéllos. Ello les vuelve ciegos ante los extremos más vidriosos del contencioso que atravesamos, sobre todo ante el hecho de tener que reconocer la existencia de naciones separadas, diferentes y, si no previas, al menos sí de formación paralela a la propia nación española.

Esquivan el problema por motivos comprensibles. Saben que encararlo despierta en nuestro país, como ya se ha demostrado, la peor de las colisiones civiles. El panorama es complejo pero analizable. Convengamos en que la pertenencia en términos nacionales es a día de hoy un elemento de aglutinación colectiva que cotiza al alza, pero que convive con otros lazos de socialización de importancia igualmente capital. Restringido su alcance, y ciñéndonos a la cuestión catalana, podría afirmarse, de forma simplificada, que en nuestro solar hay colectivos que se sienten españoles, otros que concilian su sentimiento nacional español y catalán y unos últimos que tan solo se afirman como catalanes –éstos últimos casi con expreso repudio de lo que entienden como propio de la identidad española

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Comentarios

Desde los 80 se ha ido legitimando doctrinalmente un desbarajuste — 3 comentarios

    • ¿y los que no quieren marcharse no cuentan ni para eso? todos contamos a la mayoría ruidosa y muchos hasta la respetamos pero a la silenciosa hasta la obvian , se la adjudica los políticos. Aquí no se está jamás contra los catalanes .. criticamos a los políticos y su forma de gestionar asuntos tan importantes como este. No hay que fomentar el odio ni el desprecio entre regiones y menos cuando todos nos necesitamos.