La revolución digital se ceba con los editores de prensa tradicional

Pocas cosas son tan traicioneras como la falsa creencia en que uno es más poderoso de lo que realmente es. Los editores de prensa deben conocer bien esa sensación. Hace unas semanas, un grupo de directivos de periódicos viajó a Estados Unidos para observar lo que se mueve en las sedes de Facebook y Google, así como en alguna que otra redacción. La expedición eligió como destino un país donde un señor ganó las elecciones con gran parte de medios de comunicación en su contra –es decir, un lugar donde se certificó que las empresas periodísticas tienen una menor influencia sobre la opinión pública que algunos de sus nuevos competidores– … sus responsables son conscientes de esta circunstancia o, al menos, la intuyen; ¿reconocerán demasiado tarde que tienen un grave problema?

Y es que los editores de prensa cruzaron el Atlántico porque están desconcertados ante el chaparrón que cae desde hace un tiempo sobre sus negocios. La revolución digital vino acompañada de nuevas oportunidades, pero incluía una trampa oculta que ha roto sus esquemas: en Internet, obtener ingresos cuesta Dios y ayuda, entre otras cosas, porque existe una mayor competencia, tanto de medios de comunicación como de plataformas sociales y empresas del sector del entretenimiento.

Los periódicos tradicionales compiten actualmente con un nutrido grupo de diarios digitales que se llevan una parte significativa de la inversión publicitaria, pero también con otros rivales, más fuertes y presentes en decenas de países, a los que los anunciantes destinan importantes cantidades de dinero. No es un porcentaje menor, en 10 años la inversión en medios tradicionales ha mermado un 40%.

La cruda realidad se ha puesto de manifiesto durante la crisis catalana éste pasado octubre, cuando la audiencia de las cabeceras digitales creció ostensiblemente mientras que las ventas de los principales diarios en papel volvieron a caercomo muestra, las de El País descendieron el 13,2% durante el décimo mes del año, las de El Mundo un 7,6%, las de La Vanguardia el 12,78%, las de El Periódico de Catalunya el 15,7% y las de ABC el 8%

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