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¿A qué no lo sabías? — 3 comentarios

    • Otra fuente nos indica que los romanos cuando estaban ante un tribunal en condición de testigos, exponían su compromiso de decir solamente la verdad apretándose los testículos con la mano derecha; de manera que aseguraban lo verídico de su testimonio comprometiendo tan delicada parte de la anatomía masculina.

      La última versión nos lleva al tan prolífico (en anécdotas y leyendas) mundo de los Papas, más concretamente al momento de la elección de nuevo Papa, donde tras celebrarse el cónclave y antes de dar a conocer la identidad del nuevo pontífice, éste se debía sentar en una silla que tenía un agujero en medio.

      Este agujero servía para que el Papa se sentase sobre él y dejase caer sus órganos genitales, de manera que alguno (o todos, según otras versiones) de los asistentes al cónclave debía palpar y atestiguar que el nuevo Papa era varón; evitando así que una mujer pudiese acceder al trono; como cuenta la leyenda que sucedió con la Papisa Juana, que gobernó la Iglesia entre los años 855 y 857