Las comparaciones son odiosas

Por una parte, si comparamos el curro normal de cualquier persona en una empresa privada frente a la actuación de varios funcionarios de la ciudad de Justicia, es que igual vemos que precisamente «justicia» no es lo que derrochan por su comportamiento, digo yo.

 

Y, por otro lado, que un economista de corte liberal se ofrezca a comparar ventajas e inconvenientes del Estado frente al concepto de «mafia» en su más amplio espectro, y encima dictamine que si puede elegir prefiere a la mafia, es que ya la cosa se ha ido de madre totalmente ¿no creen?

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